¡Más Personalidades! ¡Menos Personajes!
Estamos inmersos en un ambiente electoral del cual es difícil apartarnos y dejarlo solo pasar; con nuestra forma de pensar y actuar, con nuestras convicciones y anhelos, con nuestras frustraciones y expectativas vivimos cada quien en el rol que nos toca desempeñar en nuestra sociedad. No somos ajenos a lo que ocurre en ella, lo que pasa o deja de pasar en ella nos afecta de una u otra manera.
Sin lugar a dudas, son grandes las expectativas que se generan en un proceso electoral como el que se viene en el 2009…y no es para menos: son elecciones de gran envergadura porque se estará relevando el poder ejecutivo, el legislativo y los gobiernos locales, ¿es un gran paquete verdad? Son estas mismas las expectativas que nos llevan a todos en calidad de ciudadanos a analizar los diversos panoramas posibles ante este evento que se avecina.
Desde hace muchas semanas para acá me he puesto a reflexionar lo mucho que hemos avanzado en cuanto a la difusión de ideas respecta, sin duda, siempre falta un gran trecho para garantizar que el respeto de las ideas de todos y todas no vuelvan más a ser censuradas o discriminadas violentamente como ocurrió en décadas pasadas, tiempos de los cuales no puedo hablar más que con la propiedad que la historia me concede, pues formo parte de la nueva generación, próxima a la posguerra. Lo anterior sin lugar a dudas me entusiasma, espero que continuemos por el camino garante de todo tipo de respetos. No obstante, no puedo dejar de expresar que me inquieta algo que ha estado pasando en las últimas semanas y es el hecho de la enorme cantidad de ciudadanos que han surgido en calidad de “analistas políticos” o como frecuentemente se les etiqueta en la televisión “analistas de la coyuntura o realidad nacional”, lo cual siento que es un título de gran honorabilidad.
Curioso resulta que todos son hombres, los hay de todas las corrientes de pensamiento, todos dicen analizar y ser portavoces del sentir y pensar de los ciudadanos, todos dicen ser analistas de la realidad y más curioso aún es que por ser la realidad una sola, lo menos que uno espera es que estos análisis estén en sintonía entre sí, cosa que no siempre ocurre, además algunos de ellos incluso se aventuran a predecir el futuro, condenar el presente y especular lo no conocido, existen algunos que tratan de influir de manera discreta y solapada en la manera de pensar de algunos ciudadanos, aunque otros cumplen este propósito de manera muy explícita…¡A veces demasiado!
Existen varios analistas que expresan posturas que denotan profundo rigor científico y académico, posturas muy acertadas y realistas, balanceadas, con mucha seriedad y propiedad. Pero lastimosamente existen otros cuyas credenciales no son las mejores. En lo personal, considero que un analista de la coyuntura política, económica o social debe ser un académico experto en el área que analiza, para el caso de un analista político lo ideal sería que este fuera un politólogo. No es fácil identificar todas las características que deba reunir un auténtico “analista de la coyuntura nacional”, pero si me resulta más fácil identificar quién o quiénes NO LO SON, pues a mi criterio quienes NO son verdaderos analistas lejos de ayudar a decodificar los problemas y proponer soluciones terminan confundiendo mentes y corazones, dañando al país y lo más importante…dañando la democracia, porque en la medida en que sus análisis son superficiales y con tremenda dosis de sesgo polarizan más al país y promueven sentimientos de división social.
Los analistas de la realidad nacional que no son auténticos aparecen ante las cámaras de televisión y a través de letras en prensa escrita con declaraciones cargadas de revanchismo, rencor y van siempre buscando colocar sobre el tapete elementos que causen polémica. Desaparecen por algunas semanas y cuando salen a la palestra son pocas las ideas frescas y nuevas que traen, sus palabras siempre nos recuerdan los tristes tiempos de guerra y sus ideas apuntan hacia las partes más susceptibles de los ciudadanos.
Este tipo de analistas no se dedican solo a eso, es más, hay algunos que jugaron un papel importante en la política de años atrás y que ahora ya no se desenvuelven como tales, pareciera que entran a analizar la realidad nacional como quien prueba suerte y cambia de rubro, como si se tratase de un actor que luego quiere debutar en su faceta de cantante, y están en todo su derecho, pero…¿será que estamos para eso en nuestro país con todos los problemas que tenemos? Quisiera que todos entendiéramos que la realidad de nuestro país no es una alfombra roja por donde desfilan personajes que buscan protagonismo, propician la controversia, la fama a cómo dé lugar, que lejos de difundir sus ideas con altura lo hacen con pasionismos, analistas que lo menos que se imaginaron años atrás era precisamente eso…que se dedicarían a analizar la realidad y aún así pregonan que sus análisis son imparciales ¡Qué desfachatez!, resultaría más legitimo que abrazaran una bandera y un proyecto político partidario determinado y jugar un papel desde esa cancha que plantarse como analistas con propuestas y declaraciones "independientes".
Me entusiasman los analistas serios, esos que están en sintonía con la realidad y que la abordan precisamente con garra y pasión porque les gusta y no con pasionismos, que se vuelven realmente artífices de las soluciones para los grandes problemas del país, que cuando se dan un descanso de los medios luego aparecen con ideas renovadas y siembran en las mentes y corazones de los ciudadanos sentimientos conciliadores, actitud crítica y aguda frente al actuar de la clase política, esos analistas que promueven la unidad a pesar de ser una sociedad víctima de la división ideológica. Me entusiasman esos analistas políticos que proyectan ideas y propuestas que dicta la academia, la ciencia y la ética a pesar que como ciudadanos también tienen sus formas de pensar, pero ante los retos de país, ellos se despojan de cualquier tipo de interés y le apuestan al diálogo.
De estos dos tipos de analistas hay en nuestro país: 1) Analistas independientes y otros que aún presentando una postura ideológica muy marcada presentan ideas muy sensatas, promoviendo el respeto y la tolerancia, porque creen en sus convicciones y han demostrado grandes credenciales democráticas y están dispuestos a ver crecer positivamente nuestra clase política y nos ayudan a los ciudadanos a abrir nuestras mentes e identificar conceptos importantes, le apuestan a esto; y 2) Analistas que pretenden imponer a cómo de lugar sus ideas obsoletas que lindan con lo absurdo y aún no despiertan de la ya superada guerra fría, personas que declaran con malicia y con intenciones claras de herir, conscientes perfectamente que sus palabras lejos de ayudar a crecer terminan destruyendo lo que aún se puede salvar; lejos de aclarar conceptos y presentarnos la realidad de forma más asimilable terminan tergiversandola conduciéndonos por senderos de pensamientos confusos y oscuros.
Como joven, cuyos primeros recuerdos en su conciencia son los años de la posguerra, quiero proyectarme hacia el futuro, no tengo elementos de juicio para juzgar a una u otra parte por lo que ocurrió décadas atrás sencillamente porque no lo viví con entera conciencia y estoy conciente que la historia que conozco no es una sola, son varias porque tengo claro que el dueño de la historia es quien la escribe y quien la cuenta; pero si tengo elementos ahora que me llevan a pronunciarme por una campaña política de propuestas y por la aparición de auténticas personalidades que analicen la realidad, no quiero que analicen mi realidad, pero si la realidad nacional, esa realidad que es REAL y COMÚN para todos. Como joven me pronuncio por que cada quien en la sociedad desenvuelva el rol que le corresponde, me pronuncio por que seamos nosotros los mismos salvadoreños los que seamos protagonistas en la construcción de un mejor porvenir y podamos ir prescindiendo de algunas personas extranjeras (muy pocas por cierto) cuyas valoraciones de la realidad nacional no son siempre las más oportunas, pues no siempre abonan a la unidad nacional. Me pronuncio animando a esos analistas auténticos de la realidad nacional para que cada vez surjan más personalidades y cada vez sean menos los personajes.
Lo anteriormente escrito es una valoración y una opinión personal, como tal, está sujeto al escrutinio, creo que las ideas se discuten con ideas y con altura. ¡Apostémosle a la democracia!
2 comentarios
Alexandra Blandón -
Roque -
Sólo cuando se ha obtenido una solución que satisface en gran medida (aunque quizá no perfectamente) a todas las partes hay que, entonces, abogar porque esas ideas no se pierdan; sólo entonces es justificable pelear fieramente por esas ideas. Si existen ideas que satisfacen a muy pocos y se pelea por ellas al punto de llegar a la irracionalidad y al orgullo, se llega a la polarización que aqueja a este país y lo distrae de buscar soluciones a los problemas reales (que definitivamente no son determinar quién es comunista o quien es imperialista). Ojala, como dices, le apostemos verdaderamente a la democracia, por supuesto, a una verdadera democracia, y no a una palabra más del discurso de candidatura.